Sanación
La herida de no sentirte suficiente
Cuando aprendiste que había que demostrar para merecer amor, respeto o valor. Y todavía lo estás haciendo.
Hay personas que trabajan mucho porque aman lo que hacen.
Y hay personas que trabajan mucho porque, en algún lugar muy adentro, todavía están tratando de probar que valen.
Se ven igual desde afuera. Por dentro no se parecen en nada.
Dónde empieza
Casi nadie decide un día sentirse insuficiente. Se aprende.
Se aprende cuando el cariño llegaba después de una buena nota. Cuando la atención aparecía si te portabas bien. Cuando notaste que te miraban distinto si lograbas algo, y que si no lograbas nada, simplemente no te miraban.
Nadie te lo dijo con palabras. Pero tú lo entendiste: primero demuestras, después mereces.
Y creciste con esa ecuación funcionando en automático.
Cómo se ve de adulta
La herida no se queda en la infancia. Se muda contigo y se pone ropa de adulta:
- Aceptas trabajos que no quieres para que no piensen que no puedes
- Te cuesta descansar sin sentir culpa
- Cuando alguien te elogia, lo minimizas o cambias de tema
- Necesitas un logro nuevo para volver a sentirte bien, y el anterior deja de contar
- Das mucho más de lo que pides, y después te sientes vacía sin saber por qué
Y lo más difícil: desde afuera todo eso se ve como disciplina. Te aplauden por lo mismo que te está agotando.
La trampa de los logros
Yo pensaba que si conseguía suficientes cosas, un día iba a llegar la calma.
No llegó.
Porque el logro tapa la herida por un rato, pero no la cierra. Consigues lo que querías, sientes alivio dos días, y al tercero ya estás buscando lo siguiente. No porque seas ambiciosa. Porque la herida volvió a abrir la boca.
Un logro puede darte reconocimiento. No puede darte lo que no te has dado tú.
Lo que sí ayuda
No es dejar de tener metas. No se trata de eso.
Se trata de cambiar de dónde salen. Una meta que nace del deseo se disfruta. Una meta que nace del miedo a no ser suficiente se sufre, aunque la cumplas.
La pregunta que a mí me ordenó las cosas fue esta:
¿Esto lo quiero, o lo necesito para que alguien me valide?
Duele contestarla con honestidad. Pero después de contestarla, eliges distinto.
Una decisión, no un sentimiento
No vas a despertar un día sintiéndote suficiente. No funciona así.
Lo que sí puedes hacer es tomar una decisión interna: dejar de usar tus logros como defensa constante de tu valor.
Tu valor no está en discusión. Nunca lo estuvo. Lo que pasa es que aprendiste a defenderlo antes de que alguien lo atacara.
Este tema es el capítulo 2 de Auténtica. Ahí lo trabajo con más profundidad, incluida la parte que más me costó escribir: reconocer cuál fue mi primera herida.